lunes, 15 de abril de 2019

EL INDIVIDUALISMO

Seguimos muy cerca de la SOLEDAD, esa que nos ha servido (y nos seguirá sirviendo) en algunas de nuestras entradas, puesto que que es ese INDIVIDUALISMO el que más favorece el que vivamos prisioneros de la soledad.
Ocurre que, en el mundo que vivimos, en ese escenario, existen dos variables que nos marcan como ninguna otra cosa para que interpretemos el papel que nos toca o que elegimos, según los casos (y no creo en el determinismo): EL TIEMPO y LOS DEMÁS.
Y la cuestión es que no vivimos (no interpretamos la vida) de acuerdo con ellas, por lo que ambas variables nos arrollan sin que sepamos defendernos de ellas.
El TIEMPO nos hace o nos tendría que hacer más expertos, pero, mientras no nos aprieta en nuestra independencia, ni nos preocupa y llegamos a un nivel en el que solo tenemos más grande la necesidad afectiva (o sentimental, según algunas otras visiones), a la vez que aumenta nuestra dependencia y nos ahoga la soledad, la falta de libertad y el silencio.

LOS DEMÁS viven bajo el criterio de INDEPENDENCIA (yo, mi, me, conmigo y para mi), de tal manera que ya nadie necesita de OTROS para ser feliz, excepto de su ego. El afecto y el sentimiento son algo individual, intransferible y nadie está dispuesto a entregar algo de su individualidad para compartirla con una parte de la de otra persona.
La INDIVIDUALIDAD (justificada por la felicidad y la comodidad) atraviesan las variables tiempo y relaciones. De ese modo ambas variables son vistas como “dependencia”, como impedimentos para vivir y ser felices.

Hemos complicado la vida porque nos hemos complicado nosotros y al final solo nos queda la soledad, que es la meta a la que lleva el individualismo (que no deja de ser una manifestación el egoísmo que adorna nuestra sociedad o una imposición debida a la actitud de los demás).

domingo, 14 de abril de 2019

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

No es necesario preámbulo alguno para los que me conocen, pero…, de vez en cuando, uno echa la vista atrás y en ese momento se rememoran lugares, personas, acontecimientos,… que, a veces también, van unidos a variables externas, como una música, un poema y un paisaje. De ahí que hoy recuerde este poema del tan traído y llevado Antonio MACHADO. Debéis perdonarme que lo repita:


HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.


A. Machado

sábado, 13 de abril de 2019

¿DÓNDE NOS SITUAMOS”

¿DÓNDE NOS SITUAMOS”

Recorriendo las noticias que aparecen en los medios de todos tipo y aun cruzando esas noticias para depurarlas en lo posible, uno tiene la sensación de que no sabe ni dónde está ni a qué lado situarse, aún más, pareciera que uno está al otro lado, sobre todo viendo quienes estarían a su lado compartiendo tal o cual pensamiento, hecho u opinión.


Quiero suponer que es la falta de ideas y el período electoral. Digo lo del período electoral porque las diferentes posiciones de los “líderes” y sus voceros y de los periodistas o cronistas hacen que uno parezca que está meciéndose en las olas del mar en una balsa de goma y sin remos y, si eso es así, es porque no tiene rumbo, no tiene “derrota” (señalado el camino).

Es cierto que no es época de grandes elucubraciones, pero a uno, entrado en años ya, le recuerda un viejo baile llamado “Yenka”, famoso en los años 60 del siglo pasado, cuyo estribillo era: izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás….


Hacen falta otros remeros, otras brújulas y otras bitácoras, porque estas nos pierden, bueno, nos tienen ya al albur de las olas.

viernes, 12 de abril de 2019

HAY DÍAS PARA TODO

HAY DÍAS PARA TODO

Hay días buenos y días malos. En nuestra decisión está el “resetearnos” (como a los ordenadores) o dejarnos llevar por el pesimismo. De alguna  manera creo que ser feliz, estar en armonía con uno mismo y el contexto, es una decisión que hemos de tomar cada día, porque no depende de la vida, sino de la actitud con que nos enfrentamos a los problemas.

Hay días en que parece que uno puede con todo, del mismo modo que hay días en los que parece que todo nos puede.


Ante las sensaciones que nos producen esas percepciones malas podemos alimentar la rabia, la ansiedad… Y sí que hay días malos, claro, de esos en que parece que el mundo se rompe y nos engulle o que nos rompemos nosotros por el dolor o la enfermedad esa que no acabamos de comprender.

En ambos casos (días buenos y malos) lo mejor es avanzar en la idea de que hemos de poner un poco de orden en nuestros sentimientos y dejar que las cosas, esas que nos provocan sentirnos mal y los podamos encauzar o bien dejar que fluyan por sí solos hasta que podamos hacernos con el timón. Seguro que eso es mejor que estar todo el tiempo enfrentándonos a lo que pasa o sentimos que pasa.

En definitiva, se trata de controlar ls emociones y analizar nuestro malestar o bienestar observándonos en base a distanciarnos de la situación que nos ha servido de detonante.


Esto que digo puede no servir ante los estados biológicos complicados que nos afectan de un modo grave, pero sí para enfrentarnos a muchos de los obstáculos del recorrido.

jueves, 11 de abril de 2019

LASOLEDAD, UN GRAN HALLAZGO DE LA MADUREZ

LASOLEDAD, UN GRAN HALLAZGO DE LA MADUREZ
Lejos de tópicos y lugares comunes, también esta puede ser fuente de bienestar y autoconocimiento a cualquier edad 
GETTY 

Todos los que me siguen saben que este tema de la SOLEDAD es uno de los tópicos sobre el que vuelvo una y otra vez. Sobre el tema guardo todo lo que pillo (que no es poco) y algunas veces apelo a ello para mostrar que no es sólo una manía mía, sino un tema de importancia para muchos y que no debe ser vista esa soledad como algo negativo.

En aras de eso me atrevo a traer aquí, tal cual fue escrita, una Tribuna de Julio César Álvarez, de julio de 2018, que me gustó entonces y a la que no había hecho referencia, en la esperanza de que sirva para aclarar algunas cuestiones que a mi se me suelen escapar. El texto es este:

“No sé si conocen esta historia. Es sencilla y explica cuestiones importantes. Contaba el alemán Arthur Schopenhauer que en una mañana muy fría varios erizos necesitaban calor para evitar congelarse. Para ello se apretujaron cada vez más unos a otros. Y cuanto más lo hacían más sentían el pinchazo mutuo de sus púas. Así que fueron alejándose y acercándose. Hasta encontrar la distancia exacta más soportable entre todos ellos. 

El comportamiento humano es muy similar. Nos pasamos la vida tratando de hallar esa distancia entre la necesidad de otros y la necesidad de nosotros mismos. No hay que olvidar que uno de cada cuatro hogares de nuestro país está ya formado por una única persona. Porcentaje que probablemente sería mucho mayor sin una recesión económica de por medio. 
La soledad es un sentimiento afilado. Para algunos es el gran hallazgo de la madurez. Una forma de bienestar y fuente de calma. Para otros en cambio resulta la peor de las torturas y una zona de la que huir a cualquier precio. Lo cierto es que hasta ahora nunca se nos ha educado en la soledad. Se confiaba en el talento personal de cada uno. Pero las cifras han comenzado a hablar por sí mismas. Es muy probable que en algún periodo de nuestra biografía nos encontremos solos. Puede también que no haya que huir precipitadamente. Hay quien afirma que en la soledad uno encuentra lo que ha llevado a ella. Así que en cierta medida es cuestión de preparación y confianza. De cultivar honestamente nuestras vidas. Eso implica no temer y atreverse a descubrir ese lugar inexplorado. Porque la soledad siempre será un reencuentro que obliga a responder preguntas aplazadas. Algunas sin respuesta. 
En tiempos en que el individualismo ha triunfado puede que no haya más opciones. Y que la soledad pese como una carga enorme. Incluso en esas circunstancias es posible un diálogo saludable con uno mismo. Sino también existe la posibilidad de buscar compañía. A menudo, para beneficio de ambas partes. Aunque puede que también acentúe determinados sentimientos. 
Todos sabemos que la soledad en compañía es la peor de las soledades. Desde niños se nos ha obligado a estar rodeados de otros. Algunos incluso intolerables. Porque alejarse implicaba no integrarse con los demás y eso resultaba un evidente desafío. Todo con tal de no aprender a quedarnos a solas. 

A la soledad hay que acercarse en algún momento. Puede que sea una de esas asignaturas pendientes que todos evitamos. Como unas matemáticas emocionales en las que solo unos pocos consiguen nota. Cuando es más que probable que en varios momentos difíciles nos encontremos solos. Hoy sabemos que el aburrimiento resulta un magnífico estimulante para la creatividad. La soledad elegida también puede ser parte de una sana convivencia con los demás. Simplemente aprendiendo a encontrar nuestra distancia. Algo que podría comenzar en cualquier momento. Sin tanto miedo al frío”. 

miércoles, 10 de abril de 2019

LA SOLEDAD COMO ADAPTACIÓN EVOLUTIVA

LA SOLEDAD COMO ADAPTACIÓN EVOLUTIVA

Abundan los ejemplos tanto en la ciencia como en la literatura, o el cine de personas o personajes muy inteligentes cuyo rasgo común es la soledad.

Por otra parte es un concepto que yo he traído demasiadas veces a este blog y sobre el que se me ha criticado duramente, cuando realmente es incluso placentero, pues me ayuda para seguir y afrontar mis cosas, lo que me afecta y lo que me traerá el futuro.

He leído mucho sobre ella, sobre la soledad y soy consciente de que no proviene solamente de una variable (por ejemplo estar o encontrarse mal). Es más, hay autores cuyos estudios asocian la soledad a la inteligencia. Para hacerlo se remontan al origen del ser humano y a la sensación de felicidad en cada una de las épocas de su evolución. “En ese sentido -dicen-, la satisfacción por la vida es el resultado de una combinación entre dicha herencia y la posibilidad de comprender el momento actual que vive el individuo”.


Los autores de estos estudios  (Li y Kanazawa) analizaron datos sobre la inteligencia, salud, bienestar y satisfacción de 15.197 jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 28 años.

“Entre las primeras observaciones Li y Kanazawa notaron que, en general, encontrarse en medio de grandes concentraciones de personas conducía a sentimientos de infelicidad, pero, en contraste, socializar con algunos pocos amigos despertaba emociones satisfactorias.

Sin embargo, para este último fenómeno había una excepción: una minoría para la cual socializar, incluso con amigos, era causa de infelicidad. Coincidentemente, estos mismos individuos eran, según lo datos, más inteligentes que el promedio de la población.”

Los investigadores del tema nos dirán si eso es sostenible o no, pero seguro que, en algunos casos y en algunas personas, hay algo de eso que defienden.





martes, 9 de abril de 2019

APRENDIZAJE VITAL

APRENDIZAJE VITAL

La situación personal y lo que ella lleva consigo, me han hecho cambiar más profunda y más rápidamente de lo que el tiempo puede indicar.

He venido haciendo referencia a ello más de una vez, pero reitero que, con el tiempo, he ido cambiando, aceptando y aprendiendo.

Ya solo escucho y tomo nota de los consejos y opiniones de las personas que me han demostrado que de verdad están conmigo, mientras que he dejado de luchar porque se quedaran a mi lado a los que han querido marcharse, no detengo ya a nadie, pues pienso que están en su derecho y que lo harán por algo que a mi se me escapa.


Del mismo modo, si alguien me falla, soy yo el que se aleja de esa persona, porque no hay nada mejor que evitar lo que molesta.

Lo que se va o los que se van… no hacen falta. Sin duda se vive mal solo, pero también más tranquilo, con más tiempo para la reflexión, para el análisis minucioso de esas pequeñas cosas que puedes hacer que formen parte de tu nuevo vida.


Quizá todo eso sea inevitable y forme parte de las consecuencias lógicas de mi propio estado.